Aparentar que no necesito amor

 
Fingir que no necesito amor se erige como una de mis maneras predilectas de morir en vida, de las que se me da mejor poner en práctica.
 
“No me hace falta amor, ya tengo”, me digo. Es una historia recurrente que me cuento, un sortilegio sugestivo que me lanzo con el que logro que algo se solidifique en mi pecho mientras la vida pasa sin más.
 
Yo finjo, disimulo, silbo, hago como que no. Todo ello con el fin de esconder mis carencias. Mi necesidad de amor. Mi enorme necesidad de amor.
 
Lo hago porque una vez me enseñaron que necesitar era indigno. Es una de esas fábulas baratas que me contaron sin hablar cuando era pequeño. Necesitar era ser vulnerable y ser vulnerable era peligroso. En determinados contextos quedar tan al descubierto puede ser un acto kamikaze. En el mío de aquel entonces lo era. Así que negué mi necesidad con todas mis fuerzas y me atiborré de una autosuficiencia impostada.
 
Durante mucho tiempo me engañé. Lo conseguí. Oh, no tiene mucho mérito. Me resulta muy fácil engañarme a mí mismo con verdades absurdas, sin fundamento. Aunque cada vez menos. Hoy ya no hay manera de que la enorme concha que una vez me hice cubra mi pecho. Yo he crecido, mi corazón se ha hecho grande, mi auténtico ser pugna por salir y ya no encuentro forma de ocultar que necesito amor a raudales; que es, en realidad, lo que más he ansiado y necesitado siempre.
 
Necesito amor. Qué putada. Todavía me da un poco de miedo decirlo y parecer desesperado, infantil, tonto, quedar expuesto, ser objeto de burlas y maltratos. Pedirlo y que suceda algo terrible. Morirme. Cuánto riesgo para un simple hombre.
 
En cualquier caso estoy cansado de negar lo innegable, de retrasar lo inevitable, de acallar mis peticiones. Estoy harto de condenarme al suicidio interminable de fingir que no quiero, que no me hace falta, que no me encanta, recibir amor.
 
Poco a poco soltaré esta estúpida concha que ya no me sirve y abriré los brazos. Y que pase lo que tenga que pasar.
 
Una vida sin amor no es una vida.
 
Querer que me quieran ya no es indigno.
 
Necesitar ha dejado de ser peligroso.
 
Y me doy cuenta de que, incluso a pesar de los riesgos, el amor es lo único que realmente me importa.
Fotografía de Ana Marielina.
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Encadenarse al pasado

 

Una eficiente forma de morir en vida consiste en encadenarse al pasado.

Hay multitud de vías para llevar a cabo esta labor.

Una de ellas consiste en creer la mentira de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Otra estriba en convencerse de que antes éramos de un modo que ya no podemos ser y contarnos la película de que hemos perdido algo de nosotras/os mismas/os que tachamos de irrecuperable. Mortificarnos con que algo dentro se ha roto y no se puede reparar.

Los reproches, las culpas, los compromisos, las lamentaciones, las deudas, los resentimientos, las lealtades, las herencias, la coherencia… todo ello desemboca en un secuestro de quienes somos en este instante y conforma una cadena que termina por oxidarse y cubrirse de herrumbre.

Hay miradas vacías, huecas, perdidas, que se hallan a años luz del presente. Miradas cadavéricas de estatuas congeladas en un momento que juzgaron clave en sus vidas y del que se sienten prisioneras. Pero, en el fondo, si quisieran, si lo desearan con todas sus fuerzas, las estatuas podrían despertar y la piedra podría, de nuevo, tornarse carne y respirar y moverse.

Como en el cuento del elefante atado a una silla, el pasado puede ser una cadena de la que es imposible zafarse únicamente porque un día nos convencimos de ello.

Mas, en realidad, contamos con poder de sobra para liberarnos. Sólo hace falta valor.

Aquellos que fuimos ya están muertos.

Pero las personas que somos tienen, tenemos, ahora la oportunidad de vivir.

Yo ya no soy el que fui hace veinte, quince, diez, cinco, dos años. Ni siquiera el que fui ayer.

Soy el que soy hoy. Alguien igual y distinto cada día.

Cualquier tiempo presente siempre es mejor. Siempre.

Fotografía de Ana Marielina.

Morir en vida

 

Hoy comienza una nueva historia.

Del mismo modo en que existen formas sutiles de que los muertos vivan (en el recuerdo de otras personas o en el legado material que han dejado tras su marcha, por ejemplo), hay multitud de maneras en que los vivos mueren cada día. Sin saberlo, sin percatarse siquiera.

Yo me acostumbré a haber fallecido parcialmente. Sí, nos habituamos a cualquier cosa. En apariencia, todo iba bien. Hasta que un día, de repente, milagrosamente, oí un quejido lejano: varios fragmentos de mí mismo se lamentaban apenados. Se encontraban entumecidos, agarrotados, asfixiados y cubiertos de telarañas. Sobre ellos reptaba ya algún que otro gusano de apetito voraz.

En este súbito despertar, sentado sobre mi propia tumba prematura, sentí la tierra removerse y me pregunté cuáles eran aquellos pedazos de mí que allí, en el subsuelo, se acumulaban y agonizaban sólo porque un día tomé la decisión inconsciente de enterrarlos.

De enterrarme.

Se retorcían allí abajo. Podía escuchar cómo pugnaban por salir a la superficie.

Me retorcía allí abajo. Pero aún respiraba.

Por fortuna, la vida siempre lucha por seguir su camino.

¿Y tú? ¿Cuántas partes de ti resolviste enterrar un día porque juzgaste que no eran lo bastante buenas, porque creíste ciertas críticas cuando eras niña/o, porque te convencieron y te convenciste de que no podían o debían existir… de que no podías o debías existir?

¿Cuánto de ti permites que muera cada día?

Todas las historias oscilan entre la vida y la muerte.

Sentado sobre la tierra decidí apostar por la vida.

Por fin, una pala.

Por fin, el amor.

Fotografía de Ana Marielina.

#10-2017

Yo no era infierno.

Vivía en él. No podía ser de otra manera. Los niños no eligen donde nacen. Yo tampoco elegí en qué casa crecer, en qué lugar aparecer de la nada. Emergí en un lugar dantesco, lleno de sombras.

Pero, aunque vivía en él, yo no era infierno.

Habría sido fácil mimetizarse, confundirse, dejarse llevar. Habría sido muy sencillo, en cualquier caso muchísimo más que cobijar mi pequeño corazón entre las dos manos y protegerlo.

Yo lo protegí.

Emergí en un lugar dantesco, lleno de sombras. Y también alguna luz.

No importa lo oscuro que estuviera, lo triste que pareciera o cuánto creyese que estaba sufriendo. La luz, ínfima, difusa, pequeña, resplandeciente, fue lo único que me mantuvo cuerdo. Habría sido fácil ignorarla, ante tanta oscuridad. Yo me aferré a ella.

Porque aquella luz no era infierno. Como yo.

Con ella iluminé mi corazón.

Se puede ganar una batalla contra la oscuridad sólo con un pequeño corazón y una luz diminuta. Se puede.

Incluso una guerra.

Incluso una guerra contra un infierno.

Se puede.

Sólo tuve que creer, mantenerme fiel a mí mismo, no rendirme del todo.

Hasta que llega un día como el de hoy en el que descubro que aquella pequeña luz se ha hecho enorme y ha inundado la vida. Mi vida. Una vida feliz.

Qué triste habría sido no creer en ella. Qué triste habría sido no creer en mí.

Menos mal que nunca llegué a apagarme del todo.

Menos mal que siempre me tuve.

Menos mal que escogí ser luz.

Yo no era infierno. Nunca lo he sido.

Yo era luz.

Yo soy luz.

#09-2017

Y como voy de aventura en aventura, tras publicar La huella de la violencia en parejas del mismo sexo, ahora me embarco en la publicación de El escotoma positivo, una historia que viene directamente de lo más honesto y descarnado de mí.

El escotoma positivo es una novela sobre necesidades primarias, miedos indomables, infancias rotas, oscuridades densas y relaciones de malos tratos. Pero también está compuesta de emociones intensas, deseos puros, supervivencia, revelaciones que lo cambian todo, aprendizaje, amor y esperanza. Es la historia de personas que buscan la felicidad sin éxito hasta que comprenden que para encontrarla tienen que abrazar en primer lugar sus propias tristezas, esas que todos llevamos dentro…

Un escotoma es una zona de ceguera temporal o permanente: una mancha en la retina que tapa parte del campo de visión. Se dice que es negativo cuando su portador no sabe que lo padece: desconoce que cuando mira hay parte de la realidad que no puede ver. En cambio, el escotoma es positivo cuando la persona se hace consciente de su discapacidad y acepta que su imagen del mundo es irreal o, simplemente, parcial.

Daniel es un chico homosexual al que le cuesta relacionarse, a pesar de que trabaja como dependiente en una panadería de un barrio malagueño. Clara vive en un pueblo de la Axarquía, se maldice cada día ante el espejo de su habitación debido a su extrema delgadez y ha aprendido que tiene que ser buena. Ambos tienen mucho en común: la soledad y el desamparo les hieren y anhelan que un hombre les ame. El deseo de ser queridos a cualquier precio les llevará a autoengañarse y a aceptar la violencia, el sufrimiento y los malos tratos como parte de una vida cuyo mapa completo no alcanzan a comprender. Descubrirán que las personas nos acostumbramos a todo, incluso a vivir en un infierno, con tal de obtener unas migajas de algo parecido al amor.

Los escotomas suelen producirse por una lesión. Todos tenemos escotomas: nuestras heridas y nuestra herencia nos llevan a negar la realidad para no sufrir. Clara y Daniel, los protagonistas de esta historia, tendrán que pagar un precio muy alto para aprender que sólo conocer quienes somos y aceptar de donde venimos podrá salvarnos de nosotros mismos.

Tandaia ha puesto a prueba mi novela durante un mes para comprobar si alcanzamos la precompra de unos 40 ejemplares. Si llegamos a este objetivo la novela será publicada y verá la luz. Así que si te apetece leer más y apoyarme con este proyecto sólo tienes que entrar en este enlace y encargar tu ejemplar.

¡Gracias!

#08-2017

Desde hace pocos días se encuentra disponible en cualquier librería La huella de la violencia en parejas del mismo sexo, una investigación que realicé dentro del Máster en Malos Tratos y Violencia de Género de la UNED. Para mí es muy importante que el fruto de tanto esfuerzo haya sido publicado gracias a la editorial Gomylex.

La huella de la violencia en parejas del mismo sexo analiza la violencia en parejas formadas por dos hombres o por dos mujeres desde una perspectiva feminista y de género. En ningún momento he querido restar importancia a la violencia de género, la violencia que sufren las mujeres en todo el mundo por el mero hecho de ser mujeres, algo impensable desde mi trayectoria personal y profesional como trabajador social experto en violencia de género y que, es más, forma parte de la base teórica de este trabajo. Lo que he pretendido ha sido integrar, ampliar miras, ir más allá, examinar las implicaciones que el machismo, la lgtbifobia y el heteropatriarcado tienen en común y cómo se conforman los mecanismos de la violencia, que no sólo tienen lugar contra la mujer sino, en general, contra todo lo considerado femenino. En definitiva, lo que intento es diseccionar un poco mejor la realidad social para, en última instancia, tener alguna oportunidad de comprenderla y transformarla.

Con el fin de analizar la violencia que se produce en las parejas formadas por dos hombres o dos mujeres, la investigación recoge más de 25 testimonios anónimos de víctimas de violencia intragénero que ayudan a conformar un mapa que todavía está por completar en nuestro país.

Espero que suscite el interés de las/os profesionales de lo social y que pueda ayudar en algo a entender las diferentes violencias que tienen lugar en nuestra sociedad amparadas en la homofobia, la lesbofobia, labifobia y por supuesto la violencia de género e intragénero, así como a intervenir y amparar a las víctimas de una forma más completa y adecuada.

Podéis haceros con un ejemplar también mediante venta online.

Éste es el índice de la publicación

AGRADECIMIENTOS

PREÁMBULO

CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 2. LA IDENTIDAD: CONCEPTOS
2.1. Sexo y género
2.2. Intersexualidad
2.3. Identidad de género
2.4. Transgenerismo
2.5. Orientación sexual
2.6. La violencia
2.7. Homofobia, lesbofobia y bifobia
2.8. Violencia de género
2.9. Violencia intragénero

CAPÍTULO 3. LGTBIFOBIA Y HETEROPATRIARCADO
3.1. Homosexualidad: el amor que no se nombra
3.2. La lgtbifobia: base de la sociedad patriarcal
3.3. La respuesta está en el género
3.4. La construcción de la masculinidad: no se nace varón
3.5. La pluma: causa de conflictos
3.6. Activos y pasivos
3.7. ¿Y las lesbianas qué?
3.8. La homofobia internalizada

CAPÍTULO 4. VIOLENCIA EN PAREJAS DEL MISMO SEXO
4.1. Entonces, ¿tiene algo que ver el patriarcado?
4.2. Más allá del sexismo: otras teorías para explicar la violencia en parejas del mimo sexo
4.3. Datos sobre la violencia en parejas del mismo sexo
4.4. Mitos sobre la violencia en parejas del mismo sexo (que contribuyen al silencio)
4.5. Características de la violencia en parejas del mismo sexo
4.6. La violencia psicológica
4.6.1. El control
4.6.2. El aislamiento
4.6.3. Los celos patológicos
4.6.4. El acoso
4.6.5. La denigración
4.6.6. La humillación
4.6.7. Los actos de intimidación
4.6.8. La indiferencia ante las demandas afectivas
4.6.9. Las amenazas
4.6.10. Abuso económico
4.6.11. Otros ítems de violencia psicológica
4.7. Violencia física
4.8. Violencia sexual
4.9. Las víctimas
4.10. Las/os agresoras/es
4.11. Denunciar la violencia y pedir ayuda

EPÍLOGO

FUENTES CONSULTADAS

#07 – 2017

Frases de cuñadismo que tenemos que escuchar en un día como hoy:
 
-Yo no soy ni machista ni feminista. Yo creo en la igualdad.
 
Para que lo sepáis, queridas y queridos, el feminismo es el movimiento liderado por las mujeres (y, por si no lo sabíais, desde el principio también estuvo apoyado por algunos hombres), que buscan, creen y luchan por la igualdad entre hombres y mujeres. Así que si crees en la igualdad eres feminista. Sin más. El resto, cualquier cosa que tu cerebro esté elaborando como réplica, te lo estás sacando de la manga o es desinformación.
 
-No debería existir el Día de la Mujer.
 
Por supuesto que no debería existir. Pero es necesario que exista porque no hay igualdad. Repito: NO HAY IGUALDAD. Hay muchas, muchísimas, cifras que lo demuestran y que me niego a repetir, porque la información está al alcance de cualquiera y las fuentes oficiales (no un blog, no la página web de cuatro taradas/os, no lo que dice mi primo el de Murcia) también están ahí, haciendo estudios y colgando sus conclusiones en sus respectivos canales.
 
Por tanto, debe existir el Día de la Mujer porque hay que reivindicar la igualdad y, precisamente, luchar contra todas aquellas personas y grupos sociales que tratan de convencernos de que no es necesario y que las mujeres están bien como están (o sea, por debajo de los hombres. Porque es ahí donde están; lo sabéis, ¿no?).
 
-Los hombres también deberían tener un día, porque también lo pasan mal.
 
Pues claro que lo pasan mal. Pero lo pasan mal, precisamente, por culpa de los propios hombres, que son los que, mayormente, han creado, perpetuado y justificado este sistema llamado patriarcado. Así que, hombres, si os sentís mal por veros obligados a mantener un concepto de masculinidad que os oprime, que os anula los afectos, que os hace estar distanciados emocionalmente de vuestras parejas, amigas/os e hijas/os, podéis unir vuestra lucha a la causa feminista, que entre otras cuestiones también lucha por la derogación de este concepto de virilidad misógino, homofóbico y autodestructivo. En resumen, que el feminismo, nos beneficia a todas/os: mujeres y hombres.
 
-Las mujeres son bellas y frágiles y hay que cuidarlas.
 
Mira, maja/o, esto también es machismo, porque asume que las mujeres son inferiores y que deben ser cuidadas por los hombres. Las mujeres pueden y deben valerse por sí mismas y de hecho así lo hacen, sin necesidad de que vengas tú a decirles lo bonitas que son. Respetar a alguien es apoyar. Y no se apoya mucho a nadie cuando se le relega a un segundo plano bajo premisas pretendidamente nobles como la fragilidad y la belleza. Y ya puestos, como hombre feminista, me gustaría reivindicar que los hombres somos iguales de frágiles que las mujeres, del mismo modo que las mujeres son iguales de fuertes que los hombres.
 
Por otro lado, esto está muy conectado con esta suposición tan estupenda que dice que los hombres y las mujeres se complementan, porque los primeros son fuertes, activos y racionales y las segundas son débiles, gráciles, sumisas o pasivas y emocionales. Esto es mentira. Insisto: ESTO ES MENTIRA. Todas/os somos fuertes y frágiles, activas/os y pasivas/os, cerebrales y emocionales, dependiendo del momento y de la situación en que nos encontramos. También en esto mujeres y hombres somos iguales.
 
-Pero es que hay diferencias biológicas que impiden la igualdad.
 
Está más que demostrado por estudios serios (repito, serios. No, lo que opine tu vecino Sebastián viendo jugar a los niños del parque de la plaza que hay debajo de casa no es un estudio serio) que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son bastante más reducidas de los que nos empeñamos en creer. Por ejemplo, en el caso de la supuesta fuerza física superior de los hombres, la socialización también ejerce un papel de gran relevancia en cuestiones como potenciar que los niños sean más deportistas o accedan a juegos que supongan un desarrollo mayor de la fuerza física. Éste es sólo un ejemplo de los muchos que podríamos poner. Si quieres saber más, lee sobre socialización de género, que viene muy bien.
 
Bonus Tracks:
 
-Pero hay muchas denuncias falsas.
 
Claro que sí, guapi. Léete un estudio serio y unos datos verdaderos, como los del Consejo General del Poder Judicial. “Pero es que a mi primo le paso que…”. Estupendo. Pero como comprenderás tu primo no es la generalidad de España y del mundo. Y como comprenderás es más fiable lo que diga un organismo oficial que lo que diga tu primo. “Pero es que yo conozco un caso que…”. Yo conozco a personas que dicen que han visto ovnis e incluso a dos gatos siameses bailando el charleston. Pero de ahí a creer que esto es la realidad, hay un salto.
 
-¿Y los hombres maltratados por las mujeres?
 
Un hombre tiene muchísimas más probabilidades de ser maltratado y de recibir violencia por otro hombre que por una mujer. Se trata de una cuestión de socialización de género. Vivimos en un mundo en el que las mujeres están supeditadas a un segundo plano por el mero hecho de ser mujeres, un mundo que maltrata, amenaza, viola y asesina a las mujeres sistemáticamente. ¿No crees que, por una mera cuestión de sentido común, es más frecuente que las mujeres sean maltratadas por los hombres que al revés? “Pero, aunque haya cuatro hombres maltratados, no podemos pasarlo por alto”. Perdóname. En cuanto acabemos con una lacra que actualmente afecta en mayor o menor medida a todas las mujeres del mundo, me pondré con estos cuatro hombres. Entenderás que destinemos más recursos a un problema que afecta a miles de millones de personas en el mundo, ¿no?
 
Como añadido, los hombres maltratados no están desprotegidos. Existen leyes sobre violencia familiar que los amparan estupendamente. De hecho, los estudios fiables (no, lo que le pasara a tu primo un día no es un estudio fiable) insisten en que las penas son bastante más duras con las mujeres que con los hombres.
 
-Ya, pero es que ésta es mi opinión.
 
Yo no opino de física cuántica porque no sé de física cuántica. Hay que admitir que hay ciertas cosas sobre las que una/o no sabe.
Esto que tú llamas tu opinión, además de ser algo sesgado y de no basarse en la realidad, está sustentando un sistema injusto que nos hace daño a todas/os. En cierto sentido, es normal, porque vivimos en un sociedad que nos educa para que directa o indirectamente pensemos así y no nos cuestionemos lo que está sucediendo a nuestro alrededor, todos los días. En tu mano está ir un paso más allá e informarte y formarte. Así que te recomiendo que, humildemente, como hice yo en algún momento, te sumerjas y profundices en estos temas. Quizás te lleves alguna sorpresa. Y quizás, incluso, te ayude a comprender muchas cosas de tu vida, de tu identidad y de ti misma/o. Porque es el género lo que, en gran medida, nos ha llevado a ser como somos. Y porque el machismo, como ya he dicho, ha formado y forma parte de todas y de todos nosotras/os e, inevitablemente, hemos interiorizado una violencia que nos dificulta ser felices. A las mujeres, por supuesto, pero también a los hombres.
Somos todas/os nosotras/os quienes día a día construimos la realidad. Ya puestos, hagámoslo bien.